Mirada al futuro

Todavía recuerdo aquel 1 de Mayo del 2020. Llevábamos ya más de un mes encerrades en la casa. Las escuelas habían cerrado, los parques estaban cerrados, mi mamá no me quería llevar ni siquiera  a la tienda de helados. Mi mundo se redujo a días larguísimos encerradas en casa. Extrañando a mis amigas. Yo ya no quería salir de casa, estaba triste y enojada todo el día, aburrida, cansada, solo quería dormir. Cuantos  planes hice de todo lo que haría cuando terminara el Coronavirus, iba a jugar con mis amigas, ir al parque, celebrar mi cunpleaños, jugar a la escondidillas. Mientras tanto era mejor estar en casa.

Mi mamá insistió en que fuéramos a la protesta del 1 de Mayo, yo estaba asustada, de la gente, del virus, de que los policías nos dieran una multa otra vez. Mi mamá me dijo que era importante para ella que fuéramos, que teníamos que protestar, que no podíamos quedarnos en casa con los brazos cruzados, en las noches hablábamos de las familias que permanecían separadas en los centros de detención, porque el monstruo de ICE los mantenía encerrades, el presidente insistía en levantar su muro de odio, una frontera que separaba familias. Yo quería que todas las personas fueran libres, free the people, dejar que los papás y las mamás estuvieran con sus hijas, ¿después de todo, quién necesitaba pasaportes y fronteras?. 

Mi mamá me dijo que el 1 de Mayo debíamos mostrar nuestra solidaridad con todes les trabajadores que estaban en huelga por la explotación laboral. Así que fuimos en carros a una caravana a protestar, tocando los claxones, todes con nuestras máscaras, pusimos letreros en nuestro carro, que leían Equipo Personal de Protección para todes, Huelga de Alquileres, Liberen a nuestra gente, Atención Médica para todes.

Ese año mi mundo se volteó de cabeza, todo cambió, mi mundo se hizo chiquito. A veces por las tardes mi mamá y yo íbamos a caminar a los jardínes cerca de la casa, íbamos a recoger flores, a mirar el río, a caminar entre huertos de hierbas medicinales. A pesar de mi frustración por no poder ir a mi lugar favorito a comer pizza, mi mamá me decía que el mundo estaría ahí para mi, para nosotras, que los animales seguirían viviendo, los árboles seguirían creciendo, las aves volando, caminando recogiendo flores me repetía que toda la naturaleza estaría ahí para que construir un mundo mejor.

Cuando el Coronavirus llego yo tenía 4 años. Para recuperar mi libertad, mis sueños muchas cosas tuvieron que pasar, el mundo paro y nos vimos forzadas a cambiar.. 

Un día, recuerdo que mi mamá me preguntó si quería jugar con mi mejor amigo. Yo le pregunte si se había acabado el coronavirus, mi mamá me dijo que no, pero intentaríamos algo. Nos reunimos con la familia de mi amigo, fuimos a un parque todes con máscaras, estaba tan feliz de ver a mi mejor amigo que corrimos nos abrazamos y empezamos a correr. Le pregunté a mi mama si podíamos ver a mi mejor amiga. Mi mama me dijo que no, teníamos que confiar poco a poco y ser cuidadosas para reunirnos con otres. Ahora éramos una célula, un POD me dijo mi mamá. Las dos familias acordamos apoyarnos, pero todavía no podíamos ver a otres. Yo estaba tan contenta de poder estar con mi amigo otra vez, y el mundo del encierro se hizo más llevadero. Nuestras familias todavía estaban muy estresadas por lo que pasaba y todavía insistían en que teníamos que lavarnos las manos, llevar las máscaras afuera, y no podíamos tener contacto con otres. 

Fueron tiempos muy difćiiles, el tiempo se detuvo, los días perdieron su orden, las semanas ya no eran semanas. Nosotres seguimos protestando en caravanas en el carro, poco a poco más gente empezó a unirse en bicicletas, las calles fueron nuestras otra vez. El gobierno intentaba reprimir a la gente, pero era tanta la desesperación, la gente pasaba hambre, mi mamá decía que al gobierno sólo le interesaba rescatar a los ricos.

Más y más personas empezaron a organizarse en grupos, mi mamá era parte de una colectiva en la que las mujeres se mantenían conectadas para compartir información de los sitios de comida gratuita y las clínicas de salud. La gente empezó a hacer huelgas de alquiler y se crearon grupos de apoyo para evitar que a la gente las sacaran de las casas.

La gente empezó a tomar viviendas abandonadas y los bancos siguieron robando, pero a la gente ya no le importaba más lo que el gobierno decía, nos dimos cuenta que a los poderosos no les importábamos, pero nos teníamos a nosotres, teníamos que organizarnos. 

Empezamos a organizar cooperativas, el dinero más escaso se fue reemplazando con boletos de intercambio. Todo mundo intercambiaba lo que podía. En los barrios empezamos a cultivar comida en los patios, en las azoteas. En mi casa teníamos un patio chiquito pero pudimos cultivar muchas cosas, jitomates, ensaladas, calabacitas, berenjenas, manzanilla, caléndula, cultivamos lo que podíamos para comer y para hacer tés medicinales.  

La solidaridad empezó a volverse costumbre, entre las comunidades nos dejamos paquetes de intercambio afuera de las casas. Esos años hubo mucha movilización. 

El gobierno cambió, los primeros años costó mucho trabajo. Se empezaron a dar algunos créditos para la vivienda, pero sólo algunas personas podían acceder los créditos, empezamos a juntarnos en cooperativas de vivienda, y entre varias familias se pudieron conseguir muchos edificios y viviendas populares. Se compartía la vivienda. El negocio de las arrendatarias se desplomó desde que la gente dejó de pagar la renta. Las viviendas cooperativas se vieron mucho más funcionales, la gente que estaba desempleada empezó a participar en un programas en los que se brindaba capacitación para adaptar las viviendas a energías sustentables, se comenzaron a hacer campañas de reparaciones de casas, así se generaron empleos nuevamente. También hubo programas para ampliar las granjas urbanas, a partir de la crisis nos dimos cuenta que teníamos que autogestionar los alimentos. Los lotes baldío se convirtieron en granjas urbanas. Empezamos con los programas de recolección de agua. La educación cooperativa se fue incluyendo en las escuelas, nos enseñaron a cuidar de las plantas, aprendimos conceptos de solidaridad, y cada año los programas de verano hacían jornadas para ayudar en las granjas urbanas. 

Las ciudades empezaron a cambiar, se hicieron instalaciones que utilizaban la energía solar. En los barrios se comenzaron a abrir mercados con comida local. Se comenzaron asambleas populares, poco a poco los gobiernos municipales cobraron más fuerza, y se implementaron estructuras para construir presupuestos participativos en los que se decidían cómo se distribuirán los recursos en las ciudades y en cada región. 

Mi mamá siempre habla del viejo mundo como ese que se partió el año antes de que el coronavirus llegará, cuando el capital se imponía antes que el bienestar de la gente, quién se imaginaría que de una crisis floreceríamos un nuevo mundo.

Imágenes: Wikicommons.