Crianza en pandemia

Ya poco a  poco vamos respirando los vientos frescos que trae el otoño. Lo que generalmente es un tiempo de prepararse para el regreso a la escuela, en tiempos de pandemia ha representado mucha ansiedad para las familias que están en la crianza y para les maestres. 

A ver contando, llevamos desde Marzo a finales de Invierno en que apenas nos preparábamos para salir todes de nuestros capullos para recibir la primavera, y pum, de pronto todo se cierra todo se para. 

En esto de la crianza nunca faltan los consejos no solicitados, las opiniones siempre de cómo una debe llevar la crianza, los estereotipos de la madre abnegada que se dedica a fregar la casa y atender a las crías. Sin embargo, con la pandemia cuando prácticamente el encierro del Invierno se prolongó, y todas las tareas se llevaron al hogar no ha habido un solo minuto de descanso para las madres. Si algunas veces había el descanso de que las parejas salieran a trabajar, y les hijes a la escuela, muchas veces nosotras mismas salir a trabajar, de repente todo se vuelca sobre nosotras. 

Mientras que muchas personas que viven solas de pronto se han encontrado en el éxtasis del ocio y tiempo ilimitado en casa, y han salido por ahí las fotos en instagram horneando panes, tejiendo, descubriendo habilidades para pintar, para construir rompecabezas de más de mil pieza, para muchas otras personas este tiempo del ocio prácticamente es una burla. El tiempo se ha achicado y aún así lo hemos tenido que estirar, como si fuera de chicle.

7 de la mañana levantarse a hacer el desayuno, vestir a les hijes, distraerles con algún juego, o libro o algo que comer. 8 de la mañana servir el desayuno, corriendo a poner la mesa, sentarse a comer algo, mientras ya por ahí las crías se desentienden de la mesa para irse a la sala a buscar qué hacer. Para aquelles que continuaron con la educación en línea entre el desayuno una tiene que forzar a las crías a regresar a la mesa de desayuno que se convierte en el aula de clases, prender la computadora conectar al Zoom, convencer a la cría con galletas de qué se siente al tomar la clase con la maestra. Prácticamente tomar la clase con elles para asegurar que estén presentes, y en medio de todo eso empezar a recoger la mesa y lavar los trastes. A veces las clases duraban de 30 a 45 minutos, terminar la clase sin dramas era todo un triunfo, mirar cómo otres se tenían que disculpar en la llamada porque la cría se ha tirado al piso a llorar o se niega a participar era un recordatorio de que los nervios de las crías y quiénes llevamos la crianza están a flor de piel desde la mañana. 

Después de la llamada comenzar con nuestro día, el calendario y las rutinas desde muy temprano se fueron a la basura. Cuando las crías demandan que quieren mirar una película o caricaturas, y si tienes la fortuna de trabajar desde casa pues no hay otro remedio que comenzar con el maratón de mi pequeño pony o frozen para poder tomar las llamadas de trabajo. Así si llegamos a las 12, es un logro si no ha habido dramas, hay que parar el trabajo hacer el almuerzo, seguir en la dinámica, surtir de galletas y entre medio tratar de forzar algo de comida nutritiva en las crías, seguir trabajando limpiando la mesa, lavar la ropa, barrer si hay tiempo, seguir en llamadas, parar para atender un berrinche, tratar de interactuar con la crianza, caer en la frustración gritar, respirar, otra galleta o helado, el tablet, la llamada de Zoom componerse para no verse tan mal, cerrar el micrófono y la cámara para que les otres no se enteren del berrinche. Llegar de alguna forma a las 5 de la tarde para cerrar la computadora, preparar la cena, sentarse agotada, jugar un poco con la cría, tratar a veces de tener pláticas adultas, empezar la rutina de ir a la cama, tratar de extender el baño en la tina para robar unos minutos de paz, leer libros, esperar a que se duerma la criatura, y al fin escuchar su respiración tranquila. Ahora continuar con la última tarea del día limpiar la mesa, lavar trastes, limpiar la sala, recoger cojines y cualquier otro artefacto que sirvió para entretener a la criatura, doblar ropa o ya de plano amontonarla en una pila, y que se doble otro día, y tratar de terminar con ese correo o tarea del día que no se concluyó o tratar de pasar tiempo con la pareja si es que la hay, o de plano tratar de forzar el sueño para asegurar horas de sueño en medio del insomnio. Y así se acaba el día. 

A ver acá no estamos hablando de ningún sueño rosado de instinto maternal sino de un desgaste físico, emocional y mental en el que no vemos la luz al final del túnel. Mientras que esa costumbre de dar consejos no solicitados, y de recriminar por ahí que barbaridad que como esa señora deja a sus hijes salir a la calle sin cubrebocas, y de cómo es que los parques están llenos, pues uff me muerdo la lengua. Porque esta tarea de la crianza durante tiempos de corona nos ha dejado como una jerga deshilachada. Ya al menos yo no quiero leer más sobre Comcast va a entrar al quite con la vanguardia tecnológica para proveer tecnología, que en realidad ha donado después de campañas organizativas, no quiero escuchar más sobre debate sobre si se abren o no las escuelas, ni que decir de la carrera política de que si tenemos que entrarle para que la cosa no siga peor, pero lo que quiero es empatía. Lo que quiero es escuchar a otras madres conectarme, sentir que compartimos estos tiempos de crianza, sentirme acompañada, y contarnos que ha sido lo más difícil y que es lo que nos ha funcionado.   

Ahora más que nunca los trabajos reproductivos invisibilizados son evidentes, la economía que en sus orígenes etimológicos significa el manejo del hogar, esa economía a nivel de hogar no para. Sarcásticamente a lo que ha significado el parar la economía del capitalismo. 

Está claro que nuestra economía no se mueven en función de este capitalismo, que para sobrevivir este capitalismo necesito de nuestros cuerpos, pero nuestros cuerpos no necesitan de esta máquina que nos explota. Esta es una invitación a repensar nuestro futuro en función de nuestras propias economías, de esas en las que se comparten la crianza, la vivienda, el alimento, los cuidados colectivos, una economía sostenible. 

Imagen: Wikicommons.