Lo que vemos y no contamos

El 1 de Junio de 2020 un grupo de hombres blancos armados con bates y palos y algunos con armas de fuego comenzaron a reunirse en el barrio de Fishtown amenazando con golpear a personas que pudieran atentaran con vandalizar su barrio y sus negocios. El grupo de vigilantes armados recibieron un trato muy diferente de los cuerpos policíacos que en esos momentos estaban deteniendo a decenas de personas negras y de color en las calles ya entradas las horas del toque de queda. 

En fotografías y videos se vio a los cuerpos policíacos hablando tranquilamente con el grupo de vigilantes, posando juntos para fotos y permitiéndoles estar en las azoteas con armas de fuego. 

¿Porque se le permitió a un grupo de gente blanca agresiva y con armas estar en las calles libremente después del toque de queda? ¿Y porque la policía no parecía amenazada con este grupo armado mientras que detenían a personas negras sin armas en las calles? ¿Y por qué sucede esto en el barrio de Fishtown?

Estos sucesos me recordaron historias que escuche de una amiga puertorriqueña con la que viví hace casi ya 20 años en la Ciudad de México antes de mi migración. En una llamada por teléfono ella abrió las páginas de su memoria para revelar esa Philadelphia de los 60’s en la que crecieron su madre y padre y nos adentramos a  historias del pasado en la que confrontamos nuestras identidades como mujeres latinas.  

Imaginar a Filadelfia como una ciudad segregada me parece algo como de otro siglo, sin embargo no es así, esto sucedió apenas en los 60’s y 70’s. Lo que quiere decir que hablamos de una generacion atras. Esta segregación la experimentaron la madre y padre de mi amiga. Y también esos residentes de hoy en día de Fishtown.

Historias de segregación y Julio Osorio

Cuando escuche la historia de lo que le pasó a Julio Osorio no lo podía creer. Nunca escuche de esta historia desde que migré a Filadelfia hace ya casi 10 años. Me puse a investigar en internet artículos que hablaran de lo que pasó y encontré un artículo en el que se mencionaba brevemente este hecho y también la historia de el atentado de odio contra la familia puertorriqueña Radames Santiago el 5 de Octubre de 1975 en la calle North Fourth en el barrio de Feltonville. 

Este barrió principalmente de blancos alemanes católicos en el Norte de Filadelfia empezo a recibir migraciones de familias puertorriqueñas que estaban siendo desplazadas por la gentrificación en los alrededores del centro de la ciudad de Filadelfia. Fue así que Radames y Ramona Santiago se mudaron al barrió de Feltonville con sus cinco hijes en 1974. El siguiente año en 1975, los vecinos de Feltonville enviaron una petición a la Comisión de Relaciones Humanas de Filadelfia para que removiera a la familia Santiago de su vecindario.  La petición no tuvo efecto. En Septiembre de ese año vecinos incendiaron el carro de la familia Santiago. Los hecho culminaron el mes de Octubre con el fatal atentado en el que vecinos de Feltonville tiraron una bomba molotov dentro de la casa de los Santiago mientras la familia dormía. En el atentado fueron asesinados Ramona Santiago, tres de sus hijes y Luis Carrucini hije de amistades de la familia Santiago.

 La comunidad puertorriqueña se manifestó celebrando una vigilia el 10 de Octubre, más adelante se manifestaron en City Hall exigiendo al entonces Gobernador Frank Rizzo que se reuniera con los manifestantes. 

Sin embargo al recibir muy poca atención el Partido Socialistra Puertoriqueño y la Coalición de Estudiantes de Filadelfia en Contra del Racismo formaron un comité  para organizar una manifestación a las afueras del periódico Inquirer para protestar por su cobertura de tintes racistas en la que culpaban a la familia Santiago por el ataque. 

El caso tuvo varios juicios en los que se reveló el uso de la fuerza de la policía para obtener testimonios falsos para inculpar a un vecino de nombre Wilkinson. En un nuevo juicio, el juez desestimó los cargos en contra de Wilkinson. Durante los siguientes cuatro años seis detectives fueron condenados por violaciones de derechos civiles. Sin embargo este caso es tan solo una muestra más del racismo enraizado en el norte de Filadelfia de lo que hoy en el 2020 vemos cuando vigilantes fascistas de ultraderecha se toman las calles armados bajo la protección del cuerpo policiaco.

Mi amiga me comenta que a ella le ha sorprendido ver al barrio de Fishtown tan cambiado a través del proceso de gentrificación:

Indagando en la historia de gentrificación encuentro una artículo del Philadelphia Magazine donde se recogen testimonios de vecinos de Fishtown en el que relatan los cambios que han atravesado su vecindario. En el artículo se recogen historias breves muy casuales de la segregación del vecindario, y se mencionan las tensiones y rechazos de la comunidad latinx y negra como algo secundario. Justificándolo como costumbres de un vecindario al que le gustaba permanecer cerrado. El artículo también habla de la gentrificación de Fishtown con la influencia del desarrollador de bienes y raíces Stephen Starr y Roland Kassis dueño del Frankford Hall un jardín de cervezas al aire libre. La apertura al corredor comercial de Fishtown atrajo una gentrificación de comunidades blancas y principalmente de Nueva York que han visto en Fishtown la oportunidad de vivir en un barrio hipster y yuppie con las comodidades y lujos de restaurantes de moda. 

La población de Fishtown hoy en día se encuentra dividida entre esta población reciente y la gente del viejo Fishtown con sus historias enraizadas en racismo y segregación. Pero esta historia de racismo no sólo se vive en los barrios de clase trabajadora blanca. También se vive dentro de nuestras comunidades latinas. 

Ahora que vivo en Filadelfia me doy cuenta de que las comunidades que hemos migrado a Filadelfia en años recientes a partir de los 90’s no tenemos bien procesadas estas historias de racismo en nuestras propias comunidades latinas. 

Las luchas entre comunidades negras puertorriqueñas con la comunidad inmigrante

¿A quién le beneficia nuestra división entre nuestras comunidades? Me pregunto Como nuestras comunidades inmigrantes latinas se pueden sentir seguras en una ciudad que históricamente ha cometido crímenes contra la comunidad latino americana. Como no podemos entender que el odio contra la familia afro americana MOVE en 1985 cuando la policía tiró una bomba a su casa que quemó todo el vecindario y  causó la muerte de 11 personas afroamericanas incluyendo, seis adultos y cinco  menores de entre 7 y 13 años de edad, es el mismo odio que asesinó a la familia Santiago en el barrio de Feltonville. 

Es el mismo odio que motiva y sostiene la colaboración del cuerpo policiaco de filadelfia con los grupos racistas blancos del barrio de Fishtown que vemos en pleno 2020. El odio que nos discrimina por nuestro país de origen, por nuestro acento, por el color de la piel. 

Me parece importante amplificar las voces de la comunidad afro latina afro caribeña, aprender de la historia de quiénes llegaron acá primero antes que nosotrxs para entender cómo podemos elevar las luchas de quienes han experimentado racismo. 

No podemos pretender competir unes con otres o comparar nuestras experiencias de discriminación, xenofobia o racismo. Aquellas historias que yo he vivido de discriminación por mi acento, por mi país de origen, no se pueden comparar a las historias de vida de quiénes experimentan racismo por el color de su piel. 

Por eso la lucha por las vidas negras no nos pueden ser indiferentes. Revisar nuestros privilegios por pocos o muchos que sean, es un trabajo personal pero que solo podemos combatir colectivamente. La liberación de la comunidad negra, el respeto de las vidas negras, el reconocimiento de las identidades afro latinas afro caribeñas en nuestra comunidad, son luchas primordiales para la liberación colectiva de todes. 

Créditos

Escrito por Olivia Errico, un estudiante en el programa de Historia de Posgrado en la Universidad Rutgers-Camden. Tomado de Omeka en donde se documenta  historia de la comunidad puertorriqueña en Filadelfia.