La otra Filadelfia

Casi 10 años atrás llegué al barrio de Francisville en la ciudad de Filadelfia, en ese entonces mayoritariamente de gente Negra, con mucha vida y con mucha muerte también por el acoso de la violencia policíaca. Esa violencia que viven las comunidades afroamericanas en Filadelfia es un capítulo invisible para mucha de la población en esta ciudad. 

Ese historia me abrió sus puertas el 27 de Febrero de 2012 cuando a las puertas de nuestra casa la violencia le arrebatará la vida una vez más otro cuerpo Negro, su nombre era Wee. Al día siguiente por la tarde cuando regresaba a nuestra vivienda me encontré con una vigilia organizada por la gente del barrio, con sus veladoras, los osos de peluche en su altar. 

El corazón se me apretó al acercarme al altar, recuerdo que una niña como de 10 años vino a tocarme el hombro a consolarme y decirme que todo iba a estar bien. Me quedé helada, la violencia normalizada del racismo desde la infancia. La comunidad levantó un mural colorido en la memoria de Wee, al lado de su rostro se leía Free the Hood, Liberación del Barrio. 

Hace un par de años el dueño de ese edificio viejo donde yacía el mural de Wee vendió la propiedad a un inversionista de bienes raíces. Hoy en día al caminar las calles de Francisville me siento perdida, los inversionistas especuladores han dado vuelta a cada uno de los ladrillos del vecindario, por cada esquina en los últimos años el aburguesamiento y gentrificación del barrio ha expulsado a la mayoría de sus residentes. De ser un barrio de población predominante Negra, hoy en día se encuentra inundado con comunidades Blancas aburguesadas, con viviendas que sobrepasan los $500,000. 

Una se preguntará cómo sucede esto, como un barrio y su geografía se voltean repentinamente para dar paso a una nueva era de negocios, historias, memorias. Y para ubicarnos en esta historia para entender bien esta geografía y sus historias tenemos que hacer una pequeña semblanza de esta ciudad. 

Bienvenides a la ciudad de Filadelfia, ciudad colonial pintoresca, con sus calles en el centro todavía de ladrillos, donde se filmó Rocky, casa de la campana de la Independencia que aún sigue rota lo mismo que la democracia de este país, ciudad en la que la policía tiró una bomba en 1985 en un vecindario en el Oeste de Filadelfia para sitiar a la familia MOVE, asesinando 11 miembros de la familia y 60 casas consumidas por las llamas.

Desdoblando números y estadísticas

En el último Censo de 2010 con una población de 1,526,006:

  • 34.3% oblación blanca no latina,
  • 43.6% población negra,
  • 15.2% población latina,
  • 7.8% población de origen asiática,
  • 2.8% mezcla de raza,
  • 0.9% indígena norteamericano,
  • 0.2% proveniente de las islas del Pacífico o Hawai. 

A partir de las categorías en el Censo una se puede ir dando cuenta de cómo se clasifican a las personas en esta sociedad, quienes van para este costal y quienes pa’l otro, como me veo a mi misma, cómo me ven los otros, quiénes tienen más peso, voz y voto.

Y en ese cómo me ven los otros, encontramos que la criminalización de personas de color en Filadelfia es sumamente alto, en 2020 se reporta en las prisiones locales un total de 3,834 tras las rejas, del cuál el 91.5% son personas de color, en comparación con el 8.5% de personas blancas. Estas cifras ya empiezan a decirnos algo de como se ve a las personas de color, personas negras, indígenas, inmigrantes, todo aquél que no es de piel blanca.

¿Y el tema de la vivienda?

Bueno tan sólo en 2019 se reportaron 5.735 personas sin hogar en la ciudad, de las cuáles se tiene un estimado de 973 viviendo en la calle fuera de los servicios de albergues. El 79% de personas sin hogar se identifican como personas negras, el 17% blancas, el resto se identifican con raza múltiple, ascendencia Asiática o de las islas del Pacífico o indígenas.  Algo que una puede notar sin ahondar mucho en la ciudad de Filadelfia, es la segregación demográfica de los barrios. 

Estas delimitaciones geográficas no son casualidad, sus raíces están conectadas a la historia de racismo y colonialismo de esta geografía que hoy llamamos América. No podemos olvidar que este territorio en el que hoy nos hemos enraizado fue usurpado de las tribus indígenas. Y que a lo largo de su historia la ciudad se ha dibujado geográficamente bajo condiciones de inequidad racial y étnica que han favorecido a esas poblaciones europeas originarias designadas como comunidades Blancas. A ver montémonos en este túnel del tiempo para conocer más sobre esta ciudad del amor fraternal.

Tiempo atrás

En 1932 Franklin Roosevelt ganó en las urnas con el apoyo del voto de comunidades afroamericanas trayendo el Nuevo Pacto (New Deal en inglés). Millones de trabajadores negros se beneficiaron de programas federales como la Administración para el Progreso del Trabajo, y del Congreso de Organizaciones Industriales que organizó sindicatos de la industria de comercio para realizar contratos libres de discriminación de raza. 

El Nuevo Pacto creó varias agencias para ayudar a la estabilización del mercado de viviendas, y para estimular a la tan afectada industria de construcción y ofrecer albergue a las personas en necesidad de vivienda.  La Corporación de Préstamos para Dueños de Viviendas (HOLC por sus siglas en inglés) fue creada con el propósito de refinanciar propiedades hipotecadas mientras que la Administración Federal de la Vivienda (FHA por sus siglas en inglés) impulsó la construcción de nuevas viviendas respaldando millones de préstamos de inmuebles de prestamistas privados. Durante el mismo periodo el gobierno federal comenzó a financiar la construcción de viviendas públicas para proveer albergue a las familias de clase trabajadora. 

Sin embargo estas agencias federales al trabajar con prestamistas y agencias de venta de bienes raíces privados incurrieron en prácticas de segregación que ya venían siendo parte de las políticas racistas de estas agencias privadas. Esto es lo que a que a partir de los años 30’s se le conoció como redling, un sistema en el cual los inversionistas y agencias de bienes raíces valoraban los barrios y viviendas para decidir si valía la pena invertir o no, u ofrecer préstamos a individuos basándose en prácticas racistas y geográficas. Por ejemplo en la ciudad de Filadelfia esta práctica ocurría en el momento en que los prestamistas dibujaban zonas y delimitaciones geográficas en la ciudad y les otorgaban grados por ejemplo una zona apta y próspera para la inversión se delimita con un grado A y en color verde. Mientras que otras zonas geográficas de la ciudad se calificaban con un grado D indicando el riesgo y se delimitan con color rojo, y justamente a esta delimitación es a lo que se le llamó redlining. 

Las áreas en Filadelfia que se delimitaron como zonas rojas de riesgo para la inversión de bienes raíces fueron los barrios en su mayoría donde residían poblaciones negras y de color, cercanas a zonas industriales, en el Sur, Oeste y en la parte baja del norte, así como vecindarios en ese entonces considerados parte de los suburbios conectados al transporte público. 

Por ejemplo, el barrio de Strawberry Mansion que en esos tiempos era un vecindario aburguesado con acceso a áreas verdes, pero conectado a transporte público quedó delimitado dentro de las áreas rojas, y de ser un vecindario afluente en población blanca de un 89%, y un 1% población Negra, sufrió un éxodo de poblaciones blancas a suburbios más alejados de la ciudad con acceso a automóvil privado convirtiéndose en un vecindario con un 95% de población negra y un 5% de población Blanca.

Estas prácticas racistas en la industria de bienes raíces contribuyó a la devaluación de las propiedades dentro de las zonas rojas, por lo que también era imposible conseguir préstamos para arreglar estas viviendas que con el tiempo se fueron deteriorando. Es así que los vecindarios en su mayoría poblados por poblaciones Negras y de color fueron privados de recibir ayudas económicas, sufrieron una caída de los negocios y contribuyó a la segregación racial y económica. Esto se puede ver el día de hoy caminando por los barrios de Filadelfia, se puede ver la calidad de vida, servicios y áreas verdes cuidadas en barrios blancos así como corredores económicos prósperos, en comparación con barrios poblados por comunidades negras y de color, con viviendas viejas, áreas verdes descuidadas, y la faltas de negocios, lo que llamamos los desiertos de comidas. 

En 1941 el presidente Roosevelt firmó la orden ejecutiva para la creación del Comité para las Prácticas Justas en el Empleo (FEPC por sus siglas en inglés), lo que permitió abrir empleos para las comunidades Negras y de color para sostener la economía del país. Las agencias del gobierno perdieron a sus trabajadores Blancos que fueron ubicados en el servicio militar y de defensa, y después de la guerra muchos de ellos fueron absorbidos por la industria privada que pagaba mejor que las agencias del gobierno. Esto permitió a las comunidades Negras y de color poder participar en la economía, aunque todavía las prácticas de empleo ejercían prácticas de segregación en cuanto a los rangos de puestos. Muchas de las limitaciones del gobierno para regular prácticas discriminatorias se veían bloqueadas por acuerdos a nivel de sindicatos en los que por ejemplo, en la industria eléctrica se comprometían a mantener la seguridad de las mujeres blancas en la industria al protegerlas de mezclarse con trabajadores de la comunidad Negra. 

Después de la II Guerra Mundial muchas de las industrias ya en decadencia en Filadelfia, comenzaron a desaparecer llevándose con ellas miles de empleos en la ciudad. La estrategia de la ciudad en 1951 fue dar un giró de desde la industria de manufactura al mercado de servicios. La ciudad invirtió su desarrollo económico en cambiar el entorno para la renovación de una nueva era urbana y así permitir la entrada del sector privado de empresas de servicios. 

Con el enfoque en el desarrollo urbano, la Comisión para las Relaciones Humanas comenzó  a dirigir sus esfuerzos para mediar en cuanto a la estabilización de los vecindarios. La Comisión por ejemplo se involucró en la mediación entre residentes de la comunidad negra que se mudaban a vecindarios en su mayoría de población blanca y que recibían ataques, desde acoso verbal, hasta varias instancias en la que los ataques racistas llegaron a incendiar casas y atentar en contra de la vida de residentes de la comunidad negra. Ante muchas de estas tensiones en cuanto miembros de la comunidad negra se mudaban a vecindarios blancos, estos últimos comenzaban a migrar hacia los suburbios. Mientras que la ciudad giraba económicamente al sector de servicios las industrias de manufactura que estaban estableciéndose lo hicieron a las afueras de la urbe, cerca a los suburbios donde las únicas personas que podían acceder esos trabajos eran las comunidades blancas.

Es así como se va dibujando la ciudad con sus geografías y demografías que hoy conocemos en Filadelfia, con prácticas racistas que mantuvieron a las comunidades Negras y de color fuera de la posibilidad de obtener prestamos económicos para sus viviendas, discriminadas de la posibilidad de obtener trabajos prósperos. Encasilladas en estos ghettos que la misma ciudad y sus prácticas racistas crearon. Esta historia sumada a la alta criminalización de poblaciones Negras y de color, aetiquetación los barrios de peligrosos, producto de la inequidad racial y económica. 

Y es así que nuestra historia nos lleva entonces de regreso a nuestros tiempos en que, vemos estos barrios que por décadas fueron marginados intencionalmente. Ahora, una vez más, para despojar a las comunidades negras y de color de sus historias, con una ola de gentrificación de la que fui testigo en el barrio de Francisville.

Así es, Filadelfia no es sólo esta historia pintoresca del amor fraternal que nos hacen creer. Esta ciudad tiene como decimos mucha cola que le pisen. Esta historia se cuenta en solidaridad con las comunidades Negras y de color, y por la liberación del barrio.

Imagen: Wikicommons.